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Esfuerzo y vocación docente: la historia de Lina Sarabia, estudiante de EGB

 

Lina Sarabia

Por Camila Vásquez

Lina Sarabia, estudiante de Pedagogía en Educación General Básica, es reconocida por sus profesores como una alumna ejemplar y destacable, cuyo espíritu la ha hecho superar innumerables barreras. Hoy realiza la práctica profesional en un aula hospitalaria en una clínica del país, asegurando que “ha sido una experiencia maravillosa, es mi sueño quedarme trabajando allí”.

 

Llegó a la Universidad de Santiago en 2013 a través de traslado intrauniversitario, proveniente de la Universidad Católica del Maule. Pese a obtener excelentes calificaciones “mi carrera no tenía mención y pagaba al contado porque nunca me hicieron los papeles de la beca bicentenario”, cuenta.

Tras muchos incidentes y ya casi terminando el año académico, finalmente le asignaron una beca de alimentación, pero para ese periodo ya había perdido la beca bicentenario. “En ese momento pensé en la posibilidad de venirme a la U. de Santiago”, dice.

Prestigio y calidad humana

“Antes de entrar a clases perdí mi celular, entonces nunca me llamaron y pensé que no había quedado, pero un día llamaron a mi mamá y era el profesor Jaime Retamal. Ambas de región y medias huasas, estábamos súper emocionadas. Él dijo que le costó encontrarme pero que no me iban a perder así como así, por lo que encontró la manera de avisarme”, cuenta.

Lina dice que cuando entró a nuestra Casa de Estudios “tuve el apoyo de todos mis profesores, quienes tenían conocimiento de mis notas y mi comportamiento”, asegura. 

A su vez, destaca que escogió la U. de Santiago porque podría estudiar con becas, además de salir de su carrera con la mención que quería. Junto a eso, recalca el prestigio nacional, su calidad, tanto académica como humana. “Desde que postulé, hasta el día de hoy, me he sentido valorada por mis profesores y compañeros. Es un equipo de trabajo. En todo sentido he tendido apoyo. Me he sentido realizada, que he aprendido, crecido. Me gusta decir ‘yo salí de la U. de Santiago de Chile’, indica.  

De Talca a Santiago

Actualmente vive en Santiago Centro, pero admite que salir de la casa de sus padres, en Talca, ha sido complicado. “Estudiar acá significó grandes cambios, en todo sentido. En primera instancia, me costó mucho estar sola. Además, tengo un hermano de 7 años, que claramente me he perdido mucho de sus procesos. Vivir fuera de donde uno estudia es difícil”, dice.

El tema económico también ha sido un factor determinante, ya que tuvo que trabajar desde el momento en que llegó a la capital. “Ha sido súper sacrificado, en ocasiones he estado durmiendo solo un par de horas para poder sustentarme, pese a que en la Universidad me dan beca de arriendo”.   

Sin embargo, ella es optimista. “La verdad es que depende solo de cómo uno ve las cosas. Una vez mi madre me dijo que si tenía un problema buscara la solución con todo, sin embargo si no la tenía, solo siguiera”.

“No sé si eso es bueno o malo, pero trato de seguir ese consejo. Estando lejos de casa no es bueno achacarse con problemas sin solución, siempre doy todo de mí por ser la mejor en lo que hago, pero muchas veces hay cosas que no salen bien y es mejor solo seguir, no quedarse estancado con los problemas, sino que ver las soluciones. Estar lejos de casa significa no tener a los padres, hermanos o amigos de siempre, para un abrazo si fuese necesario en momentos de flaqueza”, reflexiona.      

Pese a complicarle mencionar características que la destaquen, reconoce que su puntualidad, respeto y carácter ayudaron en su rendimiento.

Es así como lo ratifica Paloma Miranda, Jefa de carrera de Educación General Básica y su profesora, “Lina es una excelente alumna, muy responsable, valorada por los profesores y pese a los problemas que ha tenido, nunca ha abandonado la carrera ni su rol como aprendiz”, destaca.

Vocación, cariño y amor en las aulas

Lina está realizando la práctica profesional en el Colegio Hospitalario Construyendo Sueños de la Clínica Dávila, en un contexto de aula hospitalaria.        

“Ha sido una experiencia espectacularmente hermosa, he aprendido como en ninguna otra parte. Los niños a diario te llenan de energías, de ejemplos, de vivencias. Ahí uno realmente debe tener vocación y amor a la pedagogía”, cuenta.

“Creo que día tras día los niños me enseñan a ser mejor persona y profesora, jamás hay días malos con ellos. Siempre llegan con ganas de solo una sonrisa, ellos son felices en la escuelita”, agrega.

La experiencia en la práctica le ha entregado herramientas y una experiencia inolvidable. “Los profesores dan diariamente todo por los niños y a mí, me han apoyado en todo. Ellos jamás olvidan que trabajan con niños y esto lo digo porque hay que ser muy humano para desempeñarse en un contexto así”, dice.

Para Lina, esta fase de su formación profesional ha sido un complemento con lo aprendido en la universidad. “En la clínica he tenido un apoyo increíble por parte de los profesores, han confiado en mí y me han hecho parte de ellos como una más. Nunca me he sentido incómoda, nunca he tenido problemas y sinceramente estoy completamente agradecida de la profesora Marcela Casanova por permitirme ir a ese centro de práctica, de la tía Helen Díaz y tío Rodrigo Pavéz, porque siempre han resuelto mis dudas”, asegura.    

Solo le restan dos meses para terminar la práctica en la clínica y el cariño que les ha tomado a los niños ha sido una de las razones para continuar. “Es un sueño quedarse ahí, ha sido una experiencia muy linda, muy grata, los profesores son maravillosos, tanto en lo personal como en lo pedagógico. En un futuro me gustaría trabajar en este contexto, pese a las emociones que se enfrentan, porque cuando un niño tiene algún problema, duele”, declara.

Para el futuro, espera realizar una especialización en teorías de la educación con el objetivo de comprender los diferentes comportamientos y procesos de los niños. “Me gustaría seguir estudiando y haciendo clases en aulas hospitalarias, pero si no, hacer clases en educación básica en contextos diferentes que en una escuela, por ejemplo de Santiago Centro, ya que creo que hay escuelas donde uno puede hacer más por los niños, como las rurales”, dice.

“Una vez trabajé en Cerro Navia y los niños necesitaban que sus profesores quisieran estar ahí. El contexto era difícil, tenían problemas socioculturales, familiares, por eso necesitamos profesores con vocación, que les guste su trabajo. Un profesor siempre debe tener vocación, pero yo creo que hay lugares en que nosotros podemos ayudar un poco más.

A mí me gustaría estar ahí, en esos lugares donde uno necesita dar, que el niño encuentre el cariño, la vocación y ganas de enseñar. Que los estudiantes quieran aprender y cambiar, que vean que su realidad puede ser mejor y que cuenten con el apoyo docente para eso. No digo que mi forma de pensar sea la mejor, pero creo que el aprendizaje mediante el cariño y esfuerzo de los profesores hace que los niños se den cuenta y quieran ser mejores”, concluye.